Martín Becerra: «Hay un consumo de medios que desborda la posibilidad regulatoria de la ley de medios»

18 09 2011

Hace unos días La Nación publicó la entrevista que mantuvimos con Martín Becerra sobre la aplicación de la ley de medios argentina. Becerra es uno de esos académicos que no le escapa al debate con quienes piensan distinto (una especie en extinción en un país que está en otro de sus ciclos de pensamiento único). La agrego aquí y le incluyo algunos videos en los que Becerra se refiere a otros temas vinculados al nuevo marco normativo en comunicación audiovisual.

Martín Becerra es doctor en comunicación, investigador independiente del Conicet, profesor de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ). Dedicó buena parte de su trayectoria académica al estudio de la concentración de medios, sobre lo que tiene varios libros publicados. Desde su cátedra fue un defensor de la ley de medios, a la que considera un gran avance respecto de la situación previa. Sin embargo, a diferencia de muchos de sus colegas, también es un crítico contundente de algunos aspectos de la norma y, principalmente, de cómo el Gobierno está llevando adelante su aplicación. Para Becerra, la ley peca de «generalista» al darle el mismo tratamiento a situaciones totalmente distintas, «no es una norma preparada para la convergencia de medios» y carece de un capítulo que determine cómo se van a financiar los nuevos medios.

-¿Cómo se está aplicando la ley?
-La ley es compleja de poner en funcionamiento rápidamente. Por su naturaleza, por su complejidad y por los temas que regula no existiría esa posibilidad ni aún en un contexto más favorable que el actual. Actualmente tres obstáculos frenan la instrumentación de la norma: el propio Gobierno, la oposición y los grupos privados concentrados. El Gobierno porque está obsesionado con algunos artículos de la ley que están inspirados en la disputa con el grupo Clarín. Entonces enfoca la aplicación de la ley traccionando por el objetivo de atacar, disminuir o erosionar el poder que tiene el grupo. Los grupos privados evidentemente defienden sus intereses acostumbrados a muchas décadas de una regulación funcional con gobiernos dóciles, incluido el de Néstor Kirchner. Y, por último, la oposición política, que boicoteó la integración de los órganos republicanos de control, lo que le hace poco favor a su prédica republicana, lo cual ha sido percibido con claridad por la sociedad.

-¿Es una ley generalista?
La ley peca de generalista, por ejemplo, porque no es lo mismo retransmitir 24 horas contenidos de un canal analógico de televisión de Capital Federal en pueblos pequeños, donde la oferta televisiva propia por definición es limitada, que en ciudades de mediano tamaño. En radio FM, en cambio, el espectro analógico permite que haya una mayor cantidad de oferta de contenidos, y recibe un tratamiento similar al de la televisión analógica… no parece razonable. En general, la ley está redactada tomando como referencia las grandes ciudades argentinas y no está redactada pensando en la mayor parte del territorio, donde no hay grandes ciudades.

-La Argentina decidió regular radiodifusión y telecomunicaciones por separado, ¿es eso correcto?
-Es un error. Hay que pensar en términos de leyes convergentes. No se puede tener un objeto de regulación convergente y leyes divergentes. Así, el Estado tiene una mirada esquizofrénica. Un fracaso provocado por las fuerzas de oposición de centroizquierda al gobierno, es haber impedido que las telefónicas puedan dar TV por cable. Las telefónicas estuvieron, están y seguirán estando en el negocio de los medios; en lugar de prohibirlas el Estado debe exigirles contraprestaciones sociales.
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Vuelve un viejo dilema: transportar o producir contenidos (y los aparentes riesgos de hacer ambas cosas)

9 05 2011

Apostando a los contenidos, Telefónica Argentina ya lanzó sus servicios On Video (alquier de películas y series), Movistar E-Books (venta de libros digitales) y Sonica (junto con Terra, que también ofrece su servicio de streaming de video gratuito, Terra TV). Telecom Argentina, en cambio, prioriza sus ofertas desde el lado del transporte: Internet fija + móvil, Internet por un peso, etc.

En tanto, Jorge Fontevecchia, en una columna sobre la visita de la SIP, advirtió: «El problema de empresas de medios que derivan o son adquiridas por grupos enormes y diversificados, que terminan desnaturalizando su misión como productores de contenidos para transformarse en herramientas de lobby o presión política, es mundial y lleva varios años».

En México, Televisa (la madre de la industria de las telenovelas) empieza a dar telefonía fija e intentó incluir en su oferta, la telefonía celular. En Brasil, Globo (tal vez la principal razón por la cual Brasil es el único país con balanza comercial superavitaria en bienes culturales -TV, cine, revistas, libros…-) se volcó también a la oferta de conectividad de banda ancha. En la Argentina, las cooperativas de telecomunicaciones y eléctricas están autorizadas por la ley de medios a incluir televisión paga en su oferta y la misma ley las obliga a tener un canal propio.

Hablando de legislación: en Argentina, sigue rigiendo la separación (supuestamente) estricta entre telecomunicaciones y radiodifusión. De hecho, tenemos dos leyes: una de medios audiovisuales y otra de telecomunicaciones (a propósito, es de la dictadura, eh). En Colombia, entre otros países, ya hay una ley de la convergencia tecnológica.

Me contaban estos días que en Satellite 2011 (la reunión anual de la industria en Washington) uno de las polémicas más grandes pasó por este dilema: si la crema del negocio se la van a llevar los productores de contenidos, ¿Quién invertirá en infraestructura para poder transportarlos? Algunos prevén un colapso de las redes que cambie el paradigma.

En fin, todos estos ejemplos vienen a cuento a partir de lo que parece ser la reedición de un antiguo dilema del sector de las telecomunicaciones, la tecnología, los medios y el entretenimiento: ¿transportar o producir los contenidos? Y si se hacen ambas cosas ¿cómo se regula?