La historia de la autodenuncia de @jm_onaindia tras su paso por @INCAA_Argentina

7 05 2016

En febrero pasado escribí en La Nación sobre el lapidario informe de la Auditoría General de la Nación (AGN) sobre la gestión del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) en los últimos años. En ese texto incluí la referencia a la autodenuncia presentada por José Miguel Onaindia tras su paso por la presidencia del organismoentre 2000 y 2002.

Onaindia sintió que aquella referencia estaba incompleta y me envió un mail para plantearme su incomodidad. Por eso, con su permiso, aquí reproduzco su explicación, la que comparto plenamente.

Sigo siempre con atención sus columnas y la de ayer me trajo una desagradable sorpresa, cuando equipara mi paso por el INCAA a la de mis ante y predecesores.
No sabía que había una ‘leyenda’ respecto de mi gestión. Sigo recibiendo a pesar de los catorce años transcurridos desde mi renuncia adhesiones de variada gente del medio, muchos de ellos peronistas y un sector representantivo se comunicó conmigo para proponerme al nuevo gobierno como titular del ente.
Su afirmación contiene algunos errores y omisiones, que resultan desdorosas hacia mí.
Para resumir los hechos, en 2002 y luego de recibir la propuesta del gobierno de Duhalde de que continuara en el cargo, lo que rechacé según consta en el diario La Nación, creo que en una entrevista de Víctor Hugo Ghitta, comenzó a decirse que había una deuda en subsidios que ‘técnicamente’ no era deuda. Esta afirmación la hizo Jorge Coscia en el la revista del Clarín, sin nombrarme e igual afirmación repitió días después Rubén Stella, en otro medio. Como ninguna de las notas me nombraba y eran aseveraciones genéricas y dispares en los montos, lo que me impedía realizar una intimación por ‘injurias’, decidí presentar ante la Justicia un pedido de investigación sobre los dichos de ambos funcionarios para que se investigara si era cierto los hechos indicados respecto de la deuda del organismo y se dejara a salvo mi buen nombre y honor. Acompañé como prueba la auditoría interna que yo había ordenado hacer del organismo mientras esperaba que algún presidente me aceptara la renuncia, dado que Fernando de la Rúa no había tenido tiempo para hacerlo. Estuve en funciones durante el gobierno de Rodríguez Sáa y casi diez días con Duhalde, cuando se me notificó la aceptación.
Esa auditoría había sido presentada en la Oficina Anticorrupción, organismo que había elegido al INCAA bajo mi administración como un ejemplo de transparencia en los procedimientos administrativos.
Luego de una investigación de seis meses, el juez dictó sentencia declarando la inexistencia de delitos e irregularidades y dejando a salvo mi buen nombre y honor, motivo central de mi decisión de presentarme ante la Justicia.
Por lo tanto, a diferencia de los otros casos: no hubo ninguna denuncia de personas o entidades imputándome un delito, sólo vagas informaciones difamantes que luego caracterizaron los casi trece años del duhalde-kichnerismo a las que quise frenar mediante una acción judicial y logré mi objetivo con una sentencia favorable, que nadie apeló y es cosa juzgada desde noviembre del 2002.
Espero haber sido claro en esta breve explicación. Estoy a su disposición para darle más detalles, aunque todo esto se encuentra en los registros judiciales.


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