#Medios: doce años de mentiras en la lucha contra la #concentración en #Argentina

17 02 2016

La concentración económica es un problema grave para la economía de libre mercado. Tanto es así, que la regulación anticoncentración nace y se desarrolla en los países capitalistas para evitar que su descontrol ahogue la competencia y por tanto reduzca la oferta, baje la calidad y suba los precios. En materia de comunicación implica, además, graves riesgos para la libertad de expresión y de información.

En la Argentina de los últimos doce años, caracterizada por procesos de oligopolización de los principales sectores de la economía, se habló mucho de la concentración en el ámbito de los medios y las telecomunicaciones. De hecho, sobre el discurso anticoncentración se construyeron muchas de las falacias en las que se basó la ley de servicios de comunicación audiovisual, ahora parcialmente derogada por decreto de necesidad y urgencia por el presidente Mauricio Macri.

En la historia reciente de la “lucha” contra la concentración en la Argentina prácticamente hubo sólo dos casos de resoluciones relevantes y los dos están relacionados con los medios y las telecomunicaciones. Uno es el de la fusión Cablevisión-Multicanal (en diciembre de 2007, días antes de que Néstor Kirchner le entregara el poder a su esposa, Cristina Fernández de Kirchner) y otro es el del ingreso (en 2010) de Telefónica de España en el control indirecto de Telecom Argentina, su principal competidor en el mercado local (posición de la que salió años después). Podrían exhumarse aquellos casos y hacerles sus correspondientes autopsias, pero eso ya sólo sumaría para la historia. Digamos, en términos generales, que en ambos casos, todo lo que se cuestionaba en la parte técnica se terminaba aprobando en la parte resolutiva, porque la definición y el acuerdo siempre se daba en una mesa política (y aquí digo “política” en el peor sentido de la palabra, en el del “toma y daca” simple y de espaldas a los usuarios y consumidores).

El estudio de esos dos casos estuvo en manos de la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia (CNDC), un ente que fue prácticamente vaciado en los últimos años y en el que reinaron las irregularidades. La CNDC fue presidida por José Sbatella, que renunció a su cargo enfrentado con el entonces secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, a quien acusó de alentar “la concentración y los monopolios”precisamente tras la aprobación de la fusión Cablevisión-Multicanal. Sbatella volvería luego a un puesto clave en la Unidad de Investigaciones Financieras (UIF), por cuyo paso ahora enfrenta un procesamiento por violación de secreto en investigaciones que involucraron al Grupo Clarín. Tras Sbatella, asumió  Ricardo Alberto Napolitani -amigo personal de Carlos Zannini y ex juez del Superior Tribunal de Santa Cruz-. El papel de Napolitani (luego vinculado a negocios irregulares con Venezuela) fue tan escueto en materia de control de la concentración que el verdadero vocero de la CNDC durante estos años fue Humberto Guardia Mendonca, vicepresidente del organismo.

En síntesis, en materia de lucha contra la concentración de la comunicación, la CNDC jugó un triste papel estos años, especialmente en el ámbito de los medios y la comunicación. El kirchnerismo en el gobierno no aplicó la ley de defensa de la competencia, no puso en funcionamiento -como tampoco lo habían hecho sus predecesores- los Tribunales Nacionales de Defensa de la Competencia (como aquí reclamó con mucha didáctica el socialista Héctor Polino) y en 2014 terminó reemplazándolos por nuevas “auditorías en las relaciones de consumo”. La historia de la regulación procompetencia en el país en las últimos tres décadas fue resumida recientemente en el diario El Cronista por  Mariano Carbajales.

Hoy, el secretario de Comercio, Miguel Braun, hizo una descripción de lo que fue la CNDC estos años. Lo hizo en ocasión del juramento del nuevo presidente del organismo, Esteban Greco (cuyo CV puede leerse aquí). Ese panorama confirma que la “lucha contra los monopolios” -incluidos los de medios y comunicación- fue una gran mentira.

“Les quiero comentar el estado en el que encontramos la CNDC.

  • En primer lugar, en los últimos años no ha habido ningún caso relevante en el que se haya podido avanzar, con lo cual no cumplió su tarea básica.

  • Tiene un piso de 20 millones de pesos para incorporar nuevas fusiones y adquisiciones, que no se actualiza desde 2001, y el resultado es que la CNDC está atiborrada de trámites que no tienen ningún sentido.

  • En tercer lugar las investigaciones que se llevan adelante tardan mucho tiempo. Las investigaciones de abuso de posición dominante pueden tardar 4,2 años, y las de investigación de mercado, hasta  6,7 años. Con esa ineficacia no se castigaba el comportamiento monopólico.

  • A la vez, los recursos humanos no están muy debilitados. El 30% de la gente que trabaja en la comisión no tiene computadoras, y el 20% no tiene escritorio fijo y tienen que turnarse.

  • El gobierno anterior destruyó la capacidad estatal en un área fundamental del contralor del Estado y lo quiso reemplazar con prepotencia, arbitrariedad y decisiones ad hoc.”

 

Braun, que en la conferencia estuvo acompañado por el ministro de la Producción, Francisco Cabrera (ex CEO de La Nación), también anunció que el nuevo gobierno “jerarquizará” por decreto la CNDC y que iniciará una serie de consultas “para tener lo antes posible una nueva ley de defensa de la competencia que ajuste la normativa a las mejores prácticas de la región y del mundo”.


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