#Argentina Aporte de @rhiglesias al “debate duro” con @aracalacana sobre políticas de #comunicación

12 02 2016

Por Roberto H. Iglesias (tomado de su perfil de Facebook)

El presente texto se refiere tanto a un documento dado a conocer sobre la política de comunicación del actual gobierno;

https://martinbecerra.wordpress.com/…/ante-la-politica-de-…/

a la respuesta al mismo de un artículo del periodista de La Nación José Crettaz

https://mediaandentertainmentobservatory.wordpress.com/…/…/…

a la respuesta a este último del académico de la comunicación Martín Becerra (UNQ/UBA)

https://www.facebook.com/mbecerracomunica/…/930822217014185….

Y finalmente un comentario mío a esta última respuesta que es el que se reproduce a continuación. Destinado a los que les interese el “debate duro” de temas de comunicación.)

Aunque no soy el destinatario directo de la respuesta de Martín Becerra ni obviamente soy autor del artículo de José Crettaz que se objetó, sí escribí algo en otros posts de FB con respecto a la declaración original. Y también me manifestaba –en términos generales— de acuerdo con el artículo de José.

Me sorprendió en ese texto de respuesta de Martín Becerra a José Crettaz la frase que critica el “énfasis opinativo e ideológico” del artículo objetado y de la labor de Crettaz, como si quienes firmaron la declaración hablaran desde un supuesto lugar ascéptico y los demás tuvieran “opinión” e “ideología” pero ellos no. Esto resulta paradójico de parte de varios de esos firmantes que suelen defenderse, precisamente, de quienes los acusan de muy “ideologizados”.

Por otro lado, hay sesgos de muchas clases. También existe el “sesgo hacia el centro”, por el cual muchas veces se trata de igualar inconsistencias pequeñas con inconsistencias grandes de dos factores que se comparan, sosteniendo que más o menos “todos” hacen o son “lo mismo”.

Así, se puede decir que en la Segunda Guerra Mundial “todos cometían excesos” o que los medios nazis decían verdades sobre cosas que se ocultaban en la URSS o en los Estados Unidos. Pero es obvio que el debate de fondo era otro. ¿Estuvo o no estuvo bien detener el nazismo?

Me llamó la atención también que se critique “la conocida prédica contra la ley audiovisual” de Crettaz en lo que yo interpreto como un tono acusatorio. Con la misma lógica se podría argumentar acerca de “la conocida prédica en favor de la ley” de quienes firman.

Pero de eso se trata el debate. No sólo decir que la Ley de Medios (Ley SCA) “era buena” y que estuvo mal o sesgadamente aplicada.

También existen personas que –como yo– piensan que esa ley era globalmente mala. Y que además estaba inscripta en un plan político más general del kirchnerismo que ninguna persona que crea realmente en el pluralismo político y en la democracia podía dejar de objetar. El análisis contextual, como el ejemplo de la Segunda Guerra Mundial, es clave.

El kirchnerismo, aunque algunos no quieran reconocerlo, estuvo a punto en 2012/13 de eliminar o recortar enormemente la libertad de expresión. Vi a pocos académicos de comunicación denunciar esto, incluyendo los que ahora critican con énfasis las medidas –que pueden o no ser discutibles— de un gobierno que claramente no persigue aquella finalidad (salvo que creamos, como los K más exaltados, que vivimos en una dictadura a la que hay que resistir).

En cambio, mientras los K preparaban ese escenario, varios de esos académicos discutían si eran 775 o 824 las licencias dadas bajo el imperio de la nueva ley, las atribuciones de la “defensora del público” o de la COFECA. O bien señalaban aspectos secundarios en la aplicación sesgada de la Ley SCA.

Una parte del periodismo, en cambio, sí estuvo a la altura de las circunstancias y fue uno de los factores que impidió que las propósitos K se concretaran.

En realidad, la Ley SCA fue sólo uno de los puntos de la política de comunicación K, algunas de cuyas partes sustanciales se desarrollaron fuera de ella.

A mi juicio, esa ley representó meramente un acto que buscaba generar una legitimidad política para “ir por todo” en el sistema de medios. Fuera de los militantes o simpatizantes K, para creer lo contrario había que ser un poco inocente o estar encandilado con los elementos que los K incluyeron para cooptar a ciertos grupos.

Y es que a los K los términos objetivos de la ley no les importaban tanto y en todo caso los puntos “buenos” podían pasarse por alto o violarse, como efectivamente se hizo. Más aún; tampoco existe unanimidad sobre qué puntos de esa Ley son precisamente los “buenos” o los “malos”,

Por otro lado, están quienes ven a la Ley SCA –independientemente de las intenciones de gobierno– como la materialización de puntos que durante años se habían impulsado y que terminaron siendo “arrancados” y concedidos desde el gobierno tras una larga prédica, aun cuando no simpaticen necesariamente con el kirchnerismo. Pero más bien se trataba de la operación de cooptación de la que antes hablaba. Como en la parábola de Hegel del amo y del esclavo, quizás cada uno piense que cooptó al otro. Pero el que gana en este caso es el que tiene el poder para diseñar, aplicar (y violar) las políticas. Es decir, el plan kirchnerista de “ir por todo”.

Más allá de esto, esos puntos que vienen de larga prédica (como los llamados “21 puntos” de la Coalición por una Radiodifusión Democrática) también merecen discusión en sí mismos y no son de ninguna manera sagrados ni está prohibido objetarlos o cuestionarlos. (Por lo demás, varios de los firmantes de esos puntos se revelaron como fervientes kirchnersitas o simpatizantes de formulaciones autoritarias incompatibles con una verdadera diversidad de voces o la libertad de expresión.)

Como yo dije en mi texto, no vi durante el kirchnerismo declaraciones comparables, integrales, medulares y colectivas –firmadas por un conjunto de académicos que incluyeran a un número importante de las carreras de comunicación del país.– que expresaran su “preocupación” o su “alarma” sobre la política de comunicación K cuando ya llevaba muchos años (en comparación con un gobierno como éste que recién empieza). Desafío a cualquiera que no esté de acuerdo a que me muestre una declaración comparable de ese tipo y de esas características. No estoy hablando de declaraciones individuales ni sobre medidas puntuales.

Si bien no soy una persona conocida, en todos los textos míos disponibles en Internet y mi propio libro ‘El medio es el relato’ (www.elmedioeselrelato.com), he formulado críticas a las políticas de radiodifusión/comunicación de todos los gobiernos, así que me considero con autoridad moral al respecto (aunque el libro trata centralmente de la política de comunicación K.)

Sin embargo, el caso del kichnerismo es especial porque ya no se trata meramente de medidas objetables en una política de medios y comunicación sino de un gobierno que buscó subordinar toda la comunicación al pensamiento gubernamental y de eliminar hasta donde pudiera voces alternativas (con un discurso diametralmente opuesto a esas intenciones), algo que no se había visto en la historia democrática reciente argentina.

Reitero lo que dije en un post sobre el documento y los firmantes. Señalé que cada caso es muy distinto y que:

“…hubo declaraciones públicas aisladas o a título individual de algunos —pero no de la mayoría— de estos académicos criticando algunos, varios o todos los aspectos escandalosos, partidarios y manipulatorios de la política de comunicación K relacionados con la asignación selectiva y amiguista de licencias, publicidad oficial y fondos concursables, de la apropiación “privada” del FPV de los medios públicos para el desarrollo de propaganda partidaria, la exclusión de personas o el beneficio de comunicadores o artistas privilegiados, así como de la conversión real de los organismos regulatorios en apéndices directos del PE y de activismo ‘militante’.”

A cualquiera le puede constar que Martín Becerra, a quien considero uno de los académicos de comunicación más destacados de la región –y con quien a veces concuerdo y a veces discrepo pero siempre lo leo–, sí ha criticado las políticas del gobierno desde sus puntos de vista y ante todo analizando la correspondencia entre la ley y su aplicación. Ciertamente esto le valió ataques de los “voceros más intolerantes” de los K. Lo mismo o algo parecido se puede decir de otros importantes nombres que firman.

Pero no es el mismo caso de otros firmantes.

Y no se trata de usar, como se dice, la lógica K de preguntar “qué hizo uno durante la dictadura” (qué hizo uno durante el kirchnerismo, en este caso), ni tampoco de que un gobierno no pueda o no deba ser criticado.

Los analistas de comunicación, concuerdo, están para analizar y criticar políticas con independencia de quien las aplique y según su leal saber y entender, como dicen los abogados. Lo mismo que los periodistas.

Pero sí existen grados de justicia y equitatividad en las críticas, los cuales se pueden evaluar y juzgar. Se puede considerar si esas críticas son justas y equitativas, o bien si ante marcos similares o peores se hicieron con la misma o con diferente intensidad o sentido.

Por lo tanto esa evaluación y juzgamiento es intelectual, fáctica, política y académicamente relevante. No es lo mismo que Margarita Stolbizer o Graciela Ocaña critiquen un DNU de Macri a que lo hagan D’Elía, Sabbatella o Aníbal Fernández.

No quiero hacer de ninguna manera una cuestión adhominem; mas allá de que me parece que este calificativo se aplica a injustamente a opiniones o juicios que no son tales y que son perfectamente válidos en la discusión.

Y es precisamente esa política general de comunicación K la que no mereció declaraciones tan integrales, concluyentes o colectivas como ésta, que se hace en medio de un gobierno que recién está dando sus primeros pasos y cuya política de comunicación integral y a mediano plazo no está aun definida ni desplegada en todos sus detalles. Para mí, esto no es un tema secundario y sí es una cuestión relevante.

Por lo que he visto en los últimos meses en las redes sociales, las respuestas que recibe José Crettaz –a quien considero uno de los mejores periodistas argentinos de comunicación, con un enfoque que puede competir también en niveles académicos— por parte de quienes no están de acuerdo con él tienen una carga de agresividad enorme, sin ser él una persona agresiva ni retrógrada. Esto no se explica por razones del calor del debate sino porque desafía la “corrección política” predominante en el análisis de la comunicación que sostienen muchos.

Los errores u “opiniones” que puedan tener los artículos de Crettaz no son diferentes de los que yo descubro en muchos académicos o analistas, pero pareciera que sólo en el caso de él hay ataques tan airados o con tanta saña, quizás porque a diferencia de estos últimos él no es parte del grupo de sostenedores de la Ley SCA.

Asimismo, reducirlo a un mero recopilador de datos como parece indicar el párrafo que habla de “de la laboriosa reconstrucción de hechos y (…) esa es una contribución informativa” sin reconocerle méritos interpretativos o analíticos creo que es también bastante injusto.

Se da así a entender –y esto es una exégesis mía— que sólo los académicos de las universidades públicas argentinas que apoyan la Ley SCA y sus amigos tuvieran esa capacidad de análisis. Más allá de que es difícil no ver esta actitud como arrogante, es además en esos ámbitos donde se ha desarrollado una suerte de pensamiento hegemónico donde parece que estuviera prohibido debatir ciertos asuntos. Y, por consiguiente, parece sugerirse también que académicos de otros ámbitos o periodistas o analistas que no estarían suficientemente capacitados para debatir estos temas

Hay periodistas brillantes y mediocres. Pero también hay académicos brillantes y mediocres. Es obvio que ser un académico profesional no coloca a ninguna persona en situación superior ni en un pedestal que garantice la corrección en análisis, aseveraciones y opiniones; ni siquiera con respecto al tema que se sigue.

Pero en cuanto a la declaración en sí misma y más allá de sus términos, encuentro que representa una serie de hechos que a mi juicio no pueden desmentirse y los reitero:

1) No hubo durante el kirchnerismo una declaración pública similar integral, formal y colectiva como la que nos ocupa expresando preocipación por la política de comunicación K (lo que per se es un acto que va más allá de lo académico y roza el terreno de una accón declaración política. No hay nada malo de en esto. Pero si se ejerce un acto con sentido político hay que “bancarse” una respuesta o reacciones igualmente políticas.

2) Aunque ninguno de los firmantes haya participado de la redacción de la Ley SCA y varios hayan criticado a título individual las formas de su aplicación, la mayoría (sino todos) consideran a dicha ley como deseable, posición que tienen todo el derecho a mantener. Pero no es lógico que algunos de ellos reaccionen airadamente si alguien osa criticar los términos de la norma, como si fuera un anatema debatirlos.

En realidad, los académicos, analistas y periodistas, tanto en comunicación como en otros temas y más allá de hacer esfuerzos de ecuanimidad y honestidad intelectual, tendrán siempre un marco en el cual se remitirán a paradigmas ideológicos generales. Es así y no está mal, seguramente es inevitable. Hay académicos, analistas y periodistas más volcados hacia uno y otro lado del espectro ideológico, en comunicación y otras disciplinas. De esta manera, debaten, coinciden y discrepan.

Lo que ocurre es que algunos de esos debates en comunicación presuponen, como ‘última ratio’, debatir esos conceptos ideológicos más generales. Una discusión interminable, inagotable y demasiado amplia para zanjarla en el transcurso de una vida. Se trata de un punto muy importante que a veces se deja de lado.

Si quieren saber mi posición sobre por qué pienso que tanto la Ley SCA no fue buena (no solamente su implementación) pueden leer un artículo en mi blog, donde trato muchos de los temas que aquí se debaten. Allí desarrollo extensamente mi posición:

https://canalmensajeysociedad.wordpress.com/…/seis-anos-de…/

(No es un pecado mortal decir “Ley de Medios” ya que es el término que se ha consagrado periodísticamente. Todos sabemos que no regula medios gráficos ni Internet. Es más fácil que decir “Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual”, de la misma manera que nadie dice “automóvil de alquiler con taxímetro” en lugar de “taxi”).

Me imagino que mi posición minoritaria en este conjunto de comentarios (me refiero a mi comentario que, con este texto, publiqué en el post de Martín Becerra (https://www.facebook.com/mbecerracomunica/…/930822217014185….) puede generar varias respuestas.

Me gusta debatir, pero debo decir que en estos momentos tengo una tremenda escasez de tiempo y con toda seguridad no voy a poder continuar el debate, al menos en estos días. De todas maneras, gracias a quienes se tomen el trabajo de ensayar alguna respuesta; les dejo en este caso la última palabra.


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