Mariotto, cultor del maspapismo

11 02 2012

Gabriel Mariotto conoce como pocos lo que paga políticamente exagerar en los medios la propia fe en las obsesiones del kirchnerismo. Esa práctica -la de exagerar ante el micrófono lo que suena a música en los oídos de su líder- fue de hecho lo que lo llevó a la vicegobernación bonaerense incluso contra los deseos de su compañero de fórmula, el gobernador Daniel Scioli, que había pensado en otros nombres.

Mirando el camino recorrido, Mariotto confía en que esa costumbre, la de exagerar, le tenga deparados nuevos premios, entre ellos, la candidatura kirchnerista a la gobernación bonaerense. Pocos dirigentes políticos habrían llegado tan lejos en su carrera con el único pergamino de haber sabido administrar el relato. Después de todo, su único antecedente electoral era la banca de concejal que logró en 2009 en su pago chico, Lomas de Zamora.

Hace ya mucho tiempo que Mariotto comprendió que en estos tiempos importa más el relato que la realidad (es decir, el “reacomodamiento de precios” más que la inflación). Y ahora que el relato se pone a prueba, prefiere ir más allá, y exagera con el metarrelato, es decir, la discusión sobre cómo los “medios hegemónicos” (como la dialéctica kirchnerista bautizó a los medios que no puede controlar) producen un relato distorsionado de la realidad.

Las exageraciones de Mariotto se centraron esta semana en desconectar al Senado bonaerense (su pequeño reino) del servicio de televisión por cable y acceso a Internet de Cablevisión, la operadora de cable del Grupo Clarín, su enemigo número uno desde que en marzo de 2008, en pleno conflicto con el sector agropecuario, Néstor Kirchner decidió que el problema no estaba en la realidad sino en cómo se la relataba. También ordenó retirar a los diarios Clarín y La Nacion de la síntesis de prensa diaria que reparten sus asistentes, aunque después se arrepintió. No puede haber metarrelato sin relato, debe de haber pensado el vicegobernador, licenciado en Periodismo y en Comunicación Social.

En reemplazo de Cablevisión los despachos que de su presupuesto dependen verán la nueva televisión digital estatal. Entre otros contenidos, la TV digital estatal les asegurará a los senadores bonaerenses el acceso en alta definición a la propaganda del programa 678; a CN23, la cadena de noticias de Sergio Szpolski (cuyo grupo de medios se sostiene prácticamente en su totalidad con publicidad oficial o paraoficial), y a Telesur, para conocer el relato chavista de lo que pasa en el mundo (para quien Muhammar Khadafy no fue un dictador sanguinario sino sólo un líder amado por su pueblo).

A juzgar por lo que le ha rendido, Mariotto probablemente siga exagerando. Detrás de esas exageraciones públicas -bien propias de lo que podría llamarse “maspapismo”- se oculta una realidad que algunos ven con preocupación y otros aún prefieren negar: la avanzada construcción de un sistema de medios de comunicación homogéneos que, lejos de la pluralidad de voces, se limitan a repetir relato y metarrelato oficial, o al menos a evitar tocar ciertos temas. Es cierto que no hay que ser exagerado. Pero tampoco conviene ser ingenuo.

Este texto fue publicado originalmente en La Nación, el 22 de enero de 2011


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