De la organización estratificada e hiperjerárquica a la producción colaborativa horizontal e interdisciplinaria

19 09 2010

El 31 de agosto de 2010 participé del II Congreso de Educación “Producción colaborativa y participación”, organizado por el Proyecto Quinquela Plan Integral de Educación Digital del Gobierno de la Ciudad en la sede de Barracas de la Universidad Abierta Interamericana (UAI). Al frente del Proyecto Quinquela está Juan María Segura, a quien conocí cuando dirigía la UADE Business School, donde hice la maestría en Administración de Empresas.

Fue una experiencia muy interesante. Ante un auditorio lleno de educadores, pedagogos y directivos de escuelas, me tocó hablar sobre “El estado del arte de la producción colaborativa”. Compartí panel con dos expertos a los que no les llego ni a los tobillos, el propio Juan María y Roberto Balaguer, docente, investigador y consultor uruguayo que integró el Plan Ceibal. Dado ese escenario y esas presencias, sin salirme del área de confort de periodista de diario, opté por escribir mi speach y leerlo, lo cual me costó merecidas críticas. Lo bueno de haberlo escrito es que ahora puedo compartirlo aquí.

Pero antes, resumo algunas ideas de Segura y de Balaguer que me resultaron reveladoras. En una presentación que luego repitió en Montevideo, Juan María dijo entre otras cosas:
– “Los grandes conglomerados industriales del siglo XX están siendo reemplazados por empresas delgadas, inteligentes”.
– “¿Es lo mismo trabajo colaborativo que producción colaborativa?”, se preguntó y sugirió que en esta última hay una participación gratuita. “La gente colabora para conseguir un empleo, por prestigio, exposición, tranqulidad de conciencia, etc.”

Balaguer, que cerró su exposición con este video de la experiencia de New Brunswick, Canada, me anoté lo siguiente:
– “Antes se estudiaba la capacidad de aprender que tenían los niños, hoy se estudia su capacidad de enseñar”.
– De la intimidad a la outimidad: “Nos importan las vidas de los demás porque influyen en nuestras vidas”.
– “No hay que saber por si acaso (como aprendíamos hasta ahora en la educación formal), hay que saber cuando se lo necesita”.
– “El chico le enseña al padre como el padre le enseña al hijo”.
– “Hay que aprender a desaprender”

Luego de estas brillantes exposiciones, vino lo mío, más pobre, menos denso conceptualmente, pero -eso sí- con un título ambicioso, “De la organización estratificada e hiperjerárquica a la producción colaborativa horizontal e interdisciplinaria”. Aquí lo comparto:

El periodismo es una actividad que no pocas veces ha sido comparada con la docencia. De hecho, para quienes ejercemos ambas, el periodismo y la docencia no son otra cosa que un doble voto de pobreza.

Pocas cosas me resultan más parecidas a un ejército –una fuerza militar, claro– que las redacciones, como llamamos los periodistas a esa fábrica blanda donde se producen las noticias.

Porque las noticias, sin dejar de ser verdaderas, se fabrican sobre un insumo básico que es la realidad que nos rodea y que nos interesa porque nos afecta.

Las redacciones han tenido hasta ahora jerarquías piramidales típicamente castrenses. Y una asombrosa estratificación por especialidades.

Para hacerse una idea rápida alcanza con repasar rápidamente el escalafón citado en la ley del estatuto del periodista, que aún hoy regula la relación laboral entre las empresas periodísticas y sus periodistas:

La hiperestratificación del trabajo: Aspirante, Archivero, Reportero, Cronista, Laboratorista de Fotografía, Operador de Radioteléfonos, Letrista, Cartógrafo, Retocador, Dibujante, Teletipista, Operador de Télex, Radioteléfono, Radio, Dictafonista, Corrector de Pruebas, Traductor, Archivero Calificado, , Redactor, Cablero, Corrector, Teletipista, Diagramador, Retratista, Caricaturista, Ilustrador, Dibujante Calificado, Tituleros. Encargado o Jefe de Sección; Subjefe de Noticias; Jefe de Archivo; Corrección y Fotografía, Corresponsales, diagramador.

La organización hiperjerárquica: Editorialista, Prosecretario de Redacción; Jefe de Noticias, Secretario de Redacción; Jefe de Arte, Prosecretario General de Redacción, Secretario General de Redacción o subjefe de Redacción, Jefe de Redacción y Subdirector Periodístico. Coordinador Especializado, Asistente de Coordinación, subjefes de turno, jefes de turno.

Durante 200 años hicimos los diarios de la misma manera: ejecutando órdenes y distribuyendo el trabajo entre especialistas aislados.

Además, siempre trabajamos para “un cliente” que no nos respondía, o que para respondernos tenía que tomarse un gran trabajo: escribir una carta, ir al correo, esperar que el correo cumpla su promesa de hacerla llegar, y luego, tener la suerte de que nosotros mismos, los destinatarios de esa carta, nos dignáramos a publicarla.

En los últimos años, como todos saben muy bien, las cosas cambiaron dramáticamente. Lo hicieron en poco tiempo y con una profundidad que dejó descolocados a propios y extraños.

Las “fábricas blandas” (a Carlos Guyot escuché por primera vez hablar de las redacciones en estos términos) están inmersas en un profundo proceso de reingeniería. Pero no aquellas reingenierías que significaban tirar a la gente por la ventana para bajar costos y salvar el barco de un naufragio seguro.

Ahora, la reingeniería de procesos pasa por otro lado. Aunque hemos sabido disimular durante mucho tiempo, las organizaciones periodísticas recién ahora están aprendiendo a trabajar en equipo, empezamos a valorar la interdisciplinariedad y la horizontalidad en la toma de decisiones.

El que más sabe no es necesariamente el que más arriba está en la pirámide. Incluso, ya no hay alguien que sabe más sino que el conocimiento, y también ciertas habilidades, son propiedad del colectivo. Del equipo.

Me gustaría graficar esta transformación con algunos ejemplos concretos, que para nada pretenden agotar el tema ni muchísimo menos.

CASO UNO: La construcción de la noticia como diálogo: La fabricación de la noticia ya no es sólo tarea de unos sabios, comandados por mariscales, que son dueños de la verdad y saben a donde deben ir las audiencias o qué es lo que éstas deben saber.

La fabricación de la noticia, sobre todo de aquella que está en desarrollo, o las de último momento, aquellas que llamamos breaking news, se parece mucho hoy a una conversación.

Los periodistas estamos aprendiendo a escuchar a los lectores, a los que en las nuevas plataformas digitales llamamos usuarios.

Los lectores están aprendiendo a hablar entre ellos, aunque en el contexto de una sociedad crispada como la argentina ese intercambio no parece sencillo. Y muchas veces no es productivo.

Los periodistas dialogamos más con los periodistas, y no sólo con los de la propia organización, sino con colegas de otros medios. En esto, las redes sociales han allanado un camino curiosamente poco transitado y, les diría, hasta tabú.

Las fuentes están más al alcance de la mano que nunca, se exponen en Twitter y Facebook, y allí estamos aprendiendo a relacionarnos de manera adulta de cara a la sociedad, que ahora nos ve mientras hablamos sobre los temas que esperan las audiencias.

Esta construcción de la noticia como diálogo se materializa de distintas formas.

Por ejemplo, desde lanacion.com es frecuente que se llame a los lectores a participar. Y que lindo nombre que se le puso a esta práctica: “convocatoria a los lectores”. Se los llama a opinar, a informar, a verificar datos, a mandar fotografías o videos.

Y no sólo eso, apalancados en las redes sociales, con especial énfasis en Twitter, desde distintos medios se sale a buscar a los no lectores. A consultarlos y no solamente para las coberturas on line sino también para el papel, que lejos de ser cosa del pasado todavía tiene futuro en América Latina, como demostró recientemente una análisis prospectivo de la consultora Price Waterhouse Coopers.

Recientemente, en la sección Economía de La Nación, por medio de la lanacion.com y en la red Twitter, convocamos a los lectores a opinar sobre la calidad del servicio de telefonía celular. Con esa avalancha de respuestas fuimos a las empresas proveedoras para pedirles su posición. El resultado fue un diálogo entre ambos actores con el periodista como moderador, ya no siquiera como mediador.

CASO DOS: La información como construcción colaborativa: La compartimentalización de la cobertura informativa está en crisis. Hubo un tiempo en que las redacciones se organizaban en paralelo a la estructura del Estado: había periodistas acreditados en casi todos los organismos públicos, en todos los ministerios había salas de prensa. Lo mismo ocurría con los sectores económicos privados: periodistas especializados en energía, finanzas, servicios, etc.

El dinamismo que caracteriza a las sociedades actuales, en permanente cambio, liquidó este paradigma. Como en el origen de su oficio, los periodistas vuelven a ser generalistas.

Hoy las coberturas periodisticas de grandes o pequeños acontecimientos son un trabajo interdisciplinario, colectivo y, por lo tanto, colaborativo. La fabricación de la noticia ya no se hace dividiendo el trabajo, sino trabajando juntos todos aquellos que tienen algo que aportar: periodistas, analistas, fotógrafos, productores multimedia, diseñadores, ilustradores, artistas, gerentes de comunidad.

Antes, cada uno hubiese hecho lo suyo como respuesta al estímulo de la orden del superior. Hoy, empezamos a sentarnos a una misma mesa, y todos tienen la obligación de opinar.

Y todavía más: empiezan a surgir nuevas profesiones, como la del community manager que acabamos de mencionar, responsable de gerenciar la relación del medio con sus usuarios en las redes sociales.

Pronto, los diarios, que ya tienen camarógrafos y editores de video, necesitarán incorporar guionistas y al vez escenógrafos. Claro, hay algo que aún no se mencionó y que atraviesa todo lo que estamos diciendo: el proceso de convergencia que está borrando las fronteras entre los medios tradicionales.

Pero retomando, aquí me gustaría ejemplificar lo que digo con otro caso en el que participé: la cobertura de las elecciones legislativas de 2009. El 29 de junio de ese año, La Nación puso en marcha un operativo que involucró a periodistas de distintas secciones (había gente de deportes, de la revista dominical, de zonales), de distintas plataformas (trabajaron de manera cruzada, cronistas de “papel” y de on line) y de distintas jerarquías (redactores y editores).

Este equipo de varias decenas de personas hizo una cobertura en vivo para la plataforma digital, lo que incluyó videoanálisis en vivo cada una hora a partir de las 18; envío de fotografías y textos breves via Twitter desde sitios relevantes (como algunas escuelas del conurbano con escasa fiscalización de algunos partidos, o los bunkers de los candidatos), entre otras cosas.

CASO TRES: La interdisciplinariedad y la horizontalidad en la producción mediática: Aquella jerarquía castrense original, y la forma compartimentailizada de trabajar, están dando paso rápidamente a una mayor horizontalidad e interdisciplinariedad.

La dura transformación que están experimentando las industrias de medios tradicionales, y la dificultad de los nuevos medios para encontrar modelos de negocios que los hagan sustentables está acelerando este proceso.

No es sencillo. Estamos hablando de descentralizar buena parte de la toma de decisiones en organizaciones que no están acostumbradas a semejante grado de empoderamiento.

Tampoco es fácil sacar a los especialistas de su pequeño mundo e invitarlos a explorar otras áreas, e incluso a opinar.

Sin embargo, no se puede frenar ya el surgimiento de nuevas maneras de contar, cada vez más híbridas, vinculadas al lenguaje de la época, generacional, con un fuerte componente visual, y atravesadas por la certeza de que la concentración mental de los lectores en la pieza informativa está dominada por el multitasking, y que esto cambió la manera en la que se presta atención.

Algunos diarios, inmersos en procesos de innovación, están experimentando esta interdisciplinariedad y horizontalidad. Manteniendo la esencia, están rompiendo con 200 años de inercia.

Buscar información, verificar datos, contrastar fuentes e identificar a los que nos mienten han sido siempre trabajo de periodistas. Y seguirán siéndolo con una gran ventaja: hoy, gracias a la web 2.0, lo podemos hacer con la ayuda de cientos de miles de usuarios. No podemos no hacerlo mejor.

Como también soy docente, creo que mucho de lo descripto se aplica también a la educación. Incluso, es probable que ese terreno sea más fértil.

En cualquier caso, como sabemos, el cambio genera incertidumbres, el cambio da miedo. Pero también, sabemos, que el cambio es signo de vitalidad.

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2 responses

7 04 2011
Dos redacciones que se aplanan y se interesan en una agenda más actual « Latin American Media & Entertainment Observatory

[…] Dos redacciones que se aplanan y se interesan en una agenda más actual 7 04 2011 Siempre me llamó la atención lo “raras” que pueden ser las redacciones on line de diarios tradicionales. Mientras el mundo digital tiende desde siempre a la horizontalidad, la interdisciplinariedad y el trabajo colaborativo, las redacciones on line tomaron de los diarios su estructura hiperjerárquica y la extrema compartimentalización de los temas. Alguna opinión expresé sobre el tema cuando participé de un congreso porteño sobre educación. […]

13 09 2011
Sin horario ni oficina ni jefe ni mail, la nueva forma de trabajar ¿sin estructura? « Latin American Media & Entertainment Observatory

[…] más allá de una empresa concreta). Es más, alguna cosa ya publiqué aquí sobre organizaciones hiperjerárquicas, la búsqueda de la horizontalidad e interdisciplinariedad, y sobre las redacciones que se […]

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