Estatización de Telecom Argentina: no es por la plata, es por el poder (de la televisión)

19 01 2010

No digo que la administración Kirchner no esté queriendo quedarse con Telecom Argentina para darle la empresa a algún amigo (como ya hizo en la “argentinización” de YPF, o en Aerolíneas Argentinas, gerenciada por el hijo del abogado de Hugo Moyano -que acaba de apoyar la estatización de Telecom-). Tampoco que oculte algún negociado o que simplemente quiera engrosar la caja (sin fondo) del Gobierno (Telecom está entre las diez empresas más grandes del país y factura unos 9000 millones de dólares al año). Y no me estoy refiriendo tampoco a la cuestión de fondo: la defensa de la competencia por la que el Estado debe velar ante una situación de predominio de un actor en el mercado que pueda amenazar a los más débiles, los consumidores. Está demostrado que esta gestión sólo recurre a ese argumento si le conviene. Por ahora, esas explicaciones no convencen.

Lo que digo es que el intento oficialista de estatizar una parte de Telecom (la que corresponde a Telecom Italia, en cuya estructura accionaria tiene participación Telefónica de España, dueña de Telefónica de Argentina) tiene una razón más concreta y urgente. Y tiene que ver con la otra obseción de Néstor Kirchner: los medios. Con una ley de servicios de comunicación audiovisual judicializada (tengo que actualizar ese panorama en otro post) y la posibilidad de que el nuevo Congreso modifique algunos artículos de esa norma para hacerla menos cuestionable jurídicamente (como el plazo de desinversión de sólo un año que impuso en su momento la mayoría kirchnerista residual), el Gobierno necesita urgentemente hacerse de una plataforma mediática con autética llegada a la gente: con una distribuidora de contenidos televisivos fuerte.


Con los medios estatales (Canal 7, Radio Nacional, Télam y algunos canales y radios de estados provinciales gobernados por el oficialismo) y los adictos (los que deciden su posición editorial en función de la generosa inversión publicitaria oficial) no alcanza para cambiar la mirada que la mayoría de los argentinos tiene sobre el gobierno y, especialmente, sobre la presidenta Cristina Kirchner y su esposo.

La información sobre la realidad -lo que incluye los actos de gobierno- sigue fluyendo por un conjunto de medios, diversos, de distintos dueños y con ponderaciones geógraficas que deben tenerse también en cuenta (Cadena 3 en el centro del país; o grupo Uno, en Cuyo, por ejemplo). Aún cuando avanzan los medios on line, la reina del sistema sigue siendo la televisión, y en ese rubro, el cable (más del 70% de los hogares tienen televisión paga en nuestro país) es central.

Ahí está el centro de la cuestión. Si el Gobierno logra controlar Telecom (via una estatización pura y dura (estilo Chávez) o vía el capitalismo de amigos (estilo Néstor), accederá a la plataforma ideal para competir con Cablevisión-Multicanal (Clarín), Supercanal (Grupo Uno-Vila Manzano), Telecentro (Grupo Pierri) y no menos de 700 cableoperadores de todo el país. En otras palabras: llegará a cada hogar con una oferta de señales de televisión entre las que no podrán faltar los deportes, las películas, y los dibujos animados (lo más visto del cable), pero entre los que podría ubicar en lugares preponderantes de la grilla a las señales en las que viene trabajando el Sistema Nacional de Medios Públicos (SNMP), conducido por el prestigioso cineasta Tristán Bauer: noticias, deportes, infantil. ¿Está esto mal? Depende (como decía mi profesor de Dirección General en el MBA). Si hay otras opciones, si no se manipula al público, si el Estado no pierde dinero, si los privados podrían hacerlo mejor…

Pero tal vez no haga falta estatizar, y el capital en disputa de Telecom Argentina (cuya mitad ya es del Grupo Whertein, de muy buena relación con el Gobierno -no olvidar el impuesto sobre el consumo de comunicaciones celulares que la mayoría residual kirchnerista aprobó para financiar al Comité Olímpico Argentino, que conduce Gerardo Whertein) pase a manos del grupo Eurnekian, que controla monopólicamente (bueno, si quieren, muy oligopólicamente) el mercado aeroportuario argentino, y tiene gran experiencia en televisión: fue pionero en la televisión por cable en el Gran Buenos Aires con CableVisión y desde allí avanzó hacia la televisión abierta y la producción de contenidos para la televisión paga.

Lo más valioso de Telecom Argentina son sus redes, tecnológicamente (como las de casi todas las empresas de telecomunicaciones) preparadas para ofrecer Triple Play, es decir un paquete de servicios de telefonía, internet y televisión paga. Además, la empresa podría competir en precios y asegurarse una rápida penetración de mercado. Además, estamos en el año del mundial, con AFA TV en carpeta y alguna otra señal deportiva K en proyecto. Las pasiones se catalizan mediante la pelota que rueda. Y con la Televisión Pública en acelerado proceso de digitalización tras la elección de la norma tecnológica japonesa-brasileña. A diferencia de lo que pasa con la señal de Canal 7 en el “Fútbol para todos” (o casi), tal vez sí prefiramos ver el mundial en esa pantalla, que lucirá mucho más nítida y con una oferta de contenidos probablemente más interactiva.

Es verdad que para que esto sea posible hay que modificar la regulación que impide a las proveedoras de servicios públicos privatizadas acceder al negocio de la radiodifusión, algo contemplado en los pliegos de privatización de la era Menem. Pero, tal vez no sea problema para un Gobierno dispuesto a gobernar a fuerza de Decretos de Necesidad y Urgencia, aún cuando no haya clara necesidad, y mucho menos urgencia.

En definitiva, a esta Gobierno -como a casi todos- lo que más le interesa en esta etapa de declinación es conservar el poder. En una democracia, para lograr ese objetivo hay que convencer a la masa de ciudadanos. Y, según el pensamiento kirchnerista, para eso es imprescindible acceder a las única herramientas que permiten “construir el relato”: los medios. Se olvidan de la sentencia de Perón (“Llegué al poder con todos los medios en contra y me derrocaron con todos los medios a favor”, o algo así) o de Clinton (“Es la economía, estúpido”). No habrá relato al gusto de la residencia de Olivos sin Tinellis, Mirtas ni Susanas propios. Y sin que estos lleguen a la masa de ciudadano-televidentes.

¿Es muy conspirativo? Sí, pero el Gobierno ha demostrado que también puede ser real. En Santa Cruz lo hizo, ¿por qué no lo haría en todo el país?

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5 responses

19 01 2010
pablo k

Hay una gran diferencia entre una empresa nacional y una extranjera.
La diferencia radica en donde termina la plata pelotudo.

19 01 2010
José Crettaz

Claro, vos suponés que queda en el país. Pero eso no es necesariamente así. En principio, termina en unos bolsillos que, aún siendo argentinos, podrían terminar colocándola en el exterior. ¿O vos creés otra cosa? Lo de pelotudo, por esta vez, te lo perdono. Abrazo

20 01 2010
Crestos

Si el Gobierno se quiere quedar con Telecom para tenerlo como “propaladora” debería pensar muy bien en los contenidos. Hasta ahora, por lo que se ve, salvo algunas cosas de Encuentro y contadísimas excepciones en Canal 7, es lamentable. No han escapado de la línea de hacer medios del Gobierno en vez de hacer medios del Estado. Muy buen post.

24 01 2010
A los medios, como sea, por la ley o con la “moneta” « Latin American Media & Entertainment Observatory

[…] digital tendrán un interesante paquete de canales (incluido uno de noticias y otro de deportes) que podría encontrar en Telecom Argentina y el lanzamiento del Triple Play una plataforma de difusi… Rodolfo Barros, el periodista que mejor viene informando sobre la intervención del Gobierno en los […]

28 08 2011
juan

algun ejemplo de estatizaion en argentina

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