De por qué existe un cine argentino y cómo podría seguir desarrollándose

6 11 2009

Confieso que en los últimos cuatro años he visto poco cine en el cine (y fuera del cine también). El fenómeno se conoce como “síndrome del padre de hijos pequeños”. Prometo volver a la normalidad en pocos años. Después de un 2008 bastante flojo (sólo Un novio para mi mujer, superó el millón de espectadores y llegó a los 1,3 millones) este año la cosa viene bien para varias de las producciones nacionales. Sin dudas, El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella, es la estrella del momento con 2,3 millones de espectadores. Ahora, habrá que ver cómo sigue su derrotero en el exterior, pero dada la performance local todo hace pensar que será provechoso. Hay que agregar también el reciente lanzamiento del portal Cine.ar, un sitio oficial de promoción del cine.

La cinematografía argentina supera los 2500 títulos y está entre las principales de América Latina, junto a las de Brasil y México. Desde el regreso de la democracia, pocas películas superaron el millón de espectadores. Con Raúl Alfonsín en la presidencia, Camila (1984), La historia oficial (1985) y Hombre mirando al sudeste (1986). Films pochocleros para todo público también lo lograron: Extermineitors, Los bañeros más locos del mundo y Brigada explosiva. A fines de los 80 y a principios de los 90, recesión mediante, la merma empezó a notarse en las boleterías, aunque hubo excepciones: Comodines y La furia en 1997; en 1998, Un argentino en Nueva York y Cohen vs. Rossi; en 1999 llegaron Esa maldita costilla, Alma mía y sobre todo Manuelita, que fue un fenómeno en las vacaciones de invierno. En 2000, el gran éxito argentino del año fue Nueve reinas, que superó holgadamente el millón de entradas vendidas. Y en 2004 se estrenó Patoruzito, que con casi tres millones de espectadores sigue siendo el filme más recaudador de los últimos años.

Ante este escenario me permito desempolvar un material algo viejo pero muy relevante. Se trata de las notas que quedaron del Seminario Internacional El futuro del cine, que organizó el 19 de agosto de 2008 la Graduate School of Business de la Universidad de Palermo (UP). Allí no quedó aspecto sin tocar de la industria del cine argentino. Este va a ser uno de esos post largos y pretenciosos. Ahí se los dejo.

Lieberman La Nacion INTRODUCCIÓN.- El seminario fue inaugurado por Natalia Popovsky, directora del MBA en Entretenimiento y Medios de la UP, y por el profesor Al Lieberman, director del MBA en Entretenimiento y Medios de la New York University (NYU). “El cine es el motor de la industria del entretenimiento”, dijo el invitado, que recomendó a los nuevos jugadores del sector aprovechar mejor las vidrieras que ofrecen los festivales de cine en todo el mundo, abordó las nuevas ventanas de distribución del cine (Video on Demand, canales Premium, alquiler de DVD por Internet, entre otros) y los oportunidades que abre la digitalización, una revolución en marcha. Tuve la suerte de participar en el Seminario Internacional en Entretenimiento y Medios que dictó Lieberman en la misma UP en 2008 y lo entrevisté para La Nación.

ROL PROMOTOR DEL ESTADO.- Los abogados especializados en derecho el cine Juan Félix Memelsdorff, Juan Raffo y José Miguel Onaindia coincidieron en resaltar el rol protagónico del Estado en la promoción del cine nacional y marcaron la necesidad de actualizar la ley de cine, cuyo texto original data de 1968. Los tres disertaron en el panel Derechos y Aspectos Normativos de la Industria del Cine, durante el seminario. La charla fue moderada por Pablo Crescimbeni, profesor de Aspectos Legales en la UP.

“El cine conjuga elementos creativos y artísticos con otros de tipo industrial, económicos y financieros. En Argentina se considera a los productores coautores de la obra cinematográfica junto con el director y el guionista. Pero además son o deberían ser empresarios que asumen una parte o todo el riesgo económico derivado de esta actividad. Y en nuestro país eso se ha desvirtuado por la estrecha dependencia del fondo de fomento”, opinió Juan Félix Memelsdorff, abogado especialista en entretenimiento, cine, televisión y publicidad.

Para el abogado, encargado de abrir el panel ante los 140 profesionales y estudiantes del sector que asistieron al seminario, “la Argentina produce muchas películas que poca gente ve. Y este es el principal desafío que tiene el cine local para hacer que el sistema sea sustentable en el tiempo”.

Según el especialista, la actividad cinematográfica en nuestro país se financia “centralmente con el fondo de fomento que administra el Incca, los convenios de coproducción, la recaudación taquilla, las ventas internacionales, la televisión y el merchandising, el riesgo asumido por los productores y los fideicomisos; pero el Incca, mediante créditos blandos o subsidios, es la principal fuente de recursos”.

Para Memelsdorff, “habría que pensar si hay que apoyar la producción del cine solamente o si hay que extender el apoyo a otras actividades audiovisuales. La Argentina tiene ventajas competitivas importantes que no ha sabido aprovechar completamente: masa crítica de talento; un equipamiento importante tanto para cine y como para televisión; una gran diversidad de paisajes y locaciones; diversidad racial, un recurso muy buscado para la actividad cinematográfica o televisiva; contraestación con el hemisferio norte para las producciones que buscan ganar tiempo”.

Pero el especialista también señaló las desventajas: “Las reglas cambiantes para el desarrollo de una actividad que lleva tiempo; la inflación en pesos y en dólares; un esquema impositivo y aduanero que no contempla esta actividad; la actitud de los participantes argentinos que suelen ver esto como una fuente de ingresos a corto plazo sin ver la trascendencia que tiene; a nivel local, las dificultades para obtener los permisos de filmación; y el trasporte al interior, que se han complicado”.

A su turno, Julio Raffo, “el abogado que tal vez más haya escrito sobre aspectos regulatorios del cine”, según Crescimbeni, señaló marcadas diferencias “entre la producción norteamericana que tiene otra estructura legal y de funcionamiento”. Para el abogado: “Hay diferencias notables, en Estados Unidos el cine aparece en el conjunto de la industria del entretenimiento, junto con los libros, el teatro, la música, la TV y la radio, el turismo, el alquiler de canchas de deportes, los casinos e hipódromos. Esa es una concepción, que todos esos sectores son entretenimiento. Y nosotros tendemos a traducir industria del entretenimiento como industria cultural, y son cosas distintas”.

Para Raffo, “las películas norteamericanas que llegan a nuestro país hace una especie de dumping. ¿Cómo se importan las películas? Los laboratorios envían en régimen de importación temporaria –que no fue previsto para este uso– el internegativo, se hacen 200 o 300 copias y se reexporta el internegativo, por lo que sólo pagan 4000 o 5000 dólares. El valor que se pagó por Titanic fue ese. Para enfrentar este funcionamiento patológico que desde el punto de vista de la economía clásica agrede la libertad de mercado se creó el fondo de fomento”, explicó. Raffo trazó una analogía entre los subsidios que los países desarrollados pagan a sus productores agropecuarios y los que países como la Argentina invierten en su industria audiovisual.

“Pero el apoyo a la producción se tiene que completar con el acceso de la película a los mercados. Para eso está la cuota de pantalla por la cual las salas tienen obligación de pasar películas nacionales para que el espectador pueda optar, no para obligarlo a verlas. Y esa cuota se tiene que completar con lo que se llama media de continuidad, es decir, si tiene una rentabilidad promedio debe seguir exhibiéndose. En un mercado que no es el de Estados Unidos, India, China o Rusia, tiene que haber una decisión del Estado de apoyar al sector porque los países que no tienen ese apoyo no tienen cine”, graficó Raffo. “Y la película es un instrumento a la difusión cultural al que tenemos derecho, lo que nos obliga a defenderla y a garantizar su presencia en las salas y en la televisión”, concluyó el especialista.

Al cerrar el panel, José Miguel Onaindia, abogado especializado en legislación cultural, calificó de “obsoleta” a la ley del cine y pidió una nueva legislación. “El cuerpo normativo central de la ley tiene cuatro décadas, es de 1968; otorga beneficios a las películas nacionales terminadas en 35 mm, y excluye de los beneficios a los programas de televisión y telenovelas. Hay muchas formas de producción que no están contempladas en la legislación actual”, dijo el especialista.

“La ley del cine se dictó en una realidad social, política e institucional distinta, en la dictadura militar de [Juan Carlos] Onganía, y tiene elementos de carácter autoritario, que pueden no estar aplicándose pero que generan un conflicto y el peligro de control ideológico. Además, las leyes que van siendo reformadas a lo largo del tiempo sin transformaciones completas van perdiendo unidad lógica, que es lo que le ha pasado a esta norma”, opinó Onaindia.

“Estos problemas de no registro de la tecnología, disposiciones que no se corresponden a una sociedad democrática y pérdida de la unidad lógica de todo cuerpo normativo, son elementos que aconsejan rever la legislación en forma integral. Se que esta propuesta causa un cierto temor en los destinatarios de beneficios de la ley, pero creo que ese temor es infundado. La ley no podría ser derogada sin ser sustituida porque garantiza derechos humanos esenciales y está sujeta a normas superiores de rango constitucional”, detalló el abogado.

Para Onaindia hay que mirar lo que han hecho recientemente otros países latinoamericanos. “Como la ley chilena de 2004 que tiene un concepto más omnicomprensivo y contemporáneo de lo audiovisual, y la ley uruguaya que promueve la promoción de su cine y el de los países con los que tenga acuerdos”, ejemplificó.

CÓMO GANAR AL PÚBLICO.- Con la moderación de Axel Kuchevatzky, periodista de cine, guionista y director de la revista La Cosa, Carlos Mentasti (gerente general de cine de Telefé y productor), Juan Taratuto (director) y Alejandra Ungaro (directora de Industrias Creativas de la Ciudad de Buenos Aires), participaron del panel Propuestas para el desarrollo local, donde se repasó el complejo panorama del cine en la Argentina y se esbozaron ideas para torcer el rumbo.

“Hay una baja de consumo de cine en salas, que es mundial no sólo en Argentina. Pero lo que aquí es notorio es que hay 1,5 millón de espectadores menos que en 2007, una baja del 38%. Esto se puede atribuir a la piratería, al cambio de hábitos de consumo y a muchas otras cosas. La cuota de mercado de las películas argentinas es del 6%, eso significa que una de cada 100 películas que se ven, son de producción nacional”, dijo Kuschevatzky al abrir la mesa. El moderador también dio algunos trazos sobre el perfil del consumidor local de cine: “Los argentinos van al cine tres veces por año. Más del 32% por ciento de ellos eligen lo que van a ver por el género, el 39,5% sigue el mismo criterio cuando alquila DVD. En 2007 se estrenaron 80 films, de las cuales sólo hubo ocho comedias y dos policiales. De las anunciadas para este año, hay cinco comedias y una de terror”, completó el periodista antes de dejarle la palabra a los panelistas.

Para Juan Taratuto, que en 2008 estrenó Un novio para mi mujer –film que atrajo a 1.330.000 espectadores en Argentina–, “existe algo que no tienen los norteamericanos y que tiene que ver con la cultura de cada país. Ellos no son tontos, han intentado producir cine para el mercado europeo, hicieron algunas películas de estilo francés; o para el mercado oriental o para México, y no les ha ido bien. Y ahí existe lo que llamo la grieta, que es donde nosotros podemos pensar hacer cine”.

Según el director, “es bastante doloroso lo que pasa con el cine nacional, pero pensar que un país tercer mundista como el nuestro va a ser del primer mundo y vamos a tener cine como lo tiene Francia es una ridiculez. Tenemos que compararnos con Colombia o Chile, con países como ellos, donde es una suerte que haya cine”.

“La gente que va al cine busca identificarse y quiere sentir que cuentan su historia. Las chicas no se llaman Cindy ni el la historia consiste en volar un portaviones. Yendo al cine nacional, se trata de La historia oficial, Historias mínimas o Esperando la carroza, películas que funcionaron bien de público y son como un espejo. Son películas que tenían algunas características: son honestas, personales, tienen rasgos autobiográficos y viscerales. Esas películas logran empatía y siempre que nos abrimos como autores hay respuesta. Ahí está la posibilidad de una grieta, desde el relato. Hagamos un cine que nos represente, no intentemos imitar a nadie, escuchémonos y demos nuestra mirada profunda”, opinó Taratuto.

Así como para el director hacer cine en países como el nuestro “es una suerte”, para el productor Carlos Mentasti, gerente general de cine de Telefé, “hacer cine en Argentina es un milagro”. El productor, que este año estrenó Superagentes, nueva generación, con un presupuesto de 4,3 millones de pesos, se quejó de que “las productoras norteamericanas vienen y arrasan con nuestros técnicos, que son de muy buena calidad, porque pueden pagarles en dólares”.

“Me parece que tiene que haber una revolución si queremos seguir haciendo cine argentino, y yo hablo de 50 películas. Mi cine es netamente industrial, no se trabajar sin pensar en la gente, pero tiene que haber de todo tipo de cine. Hoy el tema no es filmar una película sino cerrar el ciclo de cine: soñarla, hacerla, estrenarla y después, que se mantenga en cartel”, completó el productor, con más de 40 películas en su trayectoria.

Para Kuschevatzky, “pareciera que entre 200.000 y 500.000 espectadores está el público que va a ver cine argentino y está desatendido, los que fueron a ver, por ejemplo, El nido vacío”. Y Taratuto apuntó: “Por año hay cinco o seis películas para ese público, y es una muy buena cantidad”.

A su turno, Alejandra Ungaro, directora de Industrias Creativas del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, explicó las actividades de promoción del sector que está desarrollado su área. “Es importante distinguir la gestión cultural, que tiene como meta el acceso de toda la población a los bienes de consumo, de la gestión creativa desde la perspectiva de desarrollo e económico, donde trabajamos para fortalecer la industria y hacerla crecer”, explicó.

El sector audiovisual representa el 2% del Producto Bruto Interno (PBI) de la ciudad, y emplea a unas 63.000 personas. La industria cinematográfica representa un tercio de ese segmento. En 2007, en Buenos Aires se hicieron 311 publicidades –el 44% de las cuales se exportaron– y 27 largometrajes.

Ungaro hizo una análisis de las fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas de la industria en la ciudad. Entre las fortalezas incluyó “el talento, el nivel tecnológico, la inserción en el mundo, la diversidad de locaciones y modelos, la concentración de la producción de cine, la población de alto poder adquisitivo, y la concentración de espectadores”. Por el lado de las debilidades, “la complejidad de las normativas y trámites, los problemas para instalar estudios de filmación, la carga impositiva –el IVA, un impuesto nacional que afecta a la industria y queremos mitigar– y dificultades de las productoras para conseguir personal acorde a sus necesidades”.

Entre las oportunidades, la funcionaria señaló: “El crecimiento del mercado internacional, la revolución digital y la industria de exportación”.Y, finalmente, entre las amenazas, la expositora ve “las alternativas de locaciones extranjeras –donde la ciudad compite con otras locaciones de Nueva Zelanda, Australia y Sudráfrica–, pérdida de competitividad en costos –el encarecimiento de la mano de obra–, y el riesgo de la industria, con las dificultades de acceso al financiamiento”.

Ungaro anunció la intención del gobierno porteño de crear la Buenos Aires Film Commission para centralizar la información de locaciones, productoras, sindicatos y servicios, e instalar a la ciudad en la agenda internacional de festivales internacionales. “El proyecto más ambicioso es el de crear un Centro Metropolitano Audiovisual, como el que ya tenemos de Diseño, que ha demostrado ser un referente regional”, concluyó la funcionaria.

DISTRIBUIDORES V. EXHIBIDORES.- La puja entre distribuidores y exhibidores fue el eje de la discusión en el panel Distribución, comercialización y exhibición, durante el Seminario Internacional El futuro del cine. Pascual Condito, presidente de la productora y distribuidora Primer Plano Film Group, el encargado de abrir el panel, fue directo al grano: “Tener una película para chicos es el sueño de cualquier distribuidor porque en 15 días te puede salvar el año. Este año tuve una película de chicos, 100% Lucha pero que tuvo muchos problemas con la exhibición. Cuando hay una ley que dice que la primera semana las películas tienen que cumplir todos los horarios, algunos cines cumplieron, otros menos, otros casi nada, y otros nos masacraron y discriminaron de una forma humillante”, dijo el empresario, que desde 2002 también distribuye cine argentino en el exterior y cuya empresa cuenta con una librería de 400 películas nacionales.

“En 15 días terminaban las vacaciones y tuvimos que aceptar cualquier cosa, entre las dos películas se pedieron de 500.000 a 600.000 espectadores. En algunos cines, mi película iba a las 11 y a las 20, y algunos la dieron en trasnoche, cuando no existe trasnoche para una película de chicos”, detalló Condito que habló de “competencia desleal” entre los films argentinos y los norteamericanos. El distribuidor recordó cuando, más de 20 años atrás, su empresa distribuyó la película animada de García Ferré Producciones, Ico, el caballito valiente, que por razones políticas debió recurrir a un circuito no tradicional para una película infantil –las salas de cine condicionado– y llevó más de un millón de espectadores.

A su turno, Martín Kohan, director general del Festlatino Buenos Aires, de Atlas Cines y secretario de la Federación Argentina de Exhibidores Cinematográficos –que agrupa a las multipantallas de capitales locales– recogió el guante y dijo: “La discusión entre productores, distribuidores y exhibidores es bizantina, ocurre aquí en todo el mundo. Y el malo de la película es el exhibidor, y en la cadena industrial están todos pero siempre nos estamos olvidando del personaje principal que es el espectador que es una persona totalmente veleidosa cuyo comportamiento es imposible de prever”.

“Los exhibidores nacionales, entre los que están las empresas como las que represento, los independientes de salas sueltas y la gente las provincias que a lo mejor tal vez tiene una sola salita en un pueblo perdido, se han visto sobrepasados por la llegada de las cadenas internacionales que se apoyan en un sistema legal y de ciertos beneficios que se les dieron en los 90 sobre todo a nivel sindical que nosotros los argentinos no tenemos”, afirmó Kohan.

Según el empresario, la cantidad de gente que va al cine cae entre el 4% y el 6% en los últimos tres o cuatro años. “Esto ha estado sujeto a grandes cambios de costumbres y de hábitos de un consumidor bombardeado por entretenimientos alternativos y situaciones económicas y de seguridad que antes no había”.

Kohan recordó los resultados de un estudio que encargó su federación tiempo atrás: “La gente va al cine una vez por mes, no recorre más de un kilómetro de distancia, elige qué clase de película va a ver por género y si puede ir a un centro comercial que no le cobre estacionamiento va con el auto, eso obviamente reduce mucho las posibilidades de todos, y afecta a todo el grupo industrial en si mismo”.

En las consolas de juegos electrónicos “hoy los chicos pueden crear sus propios personajes que son asesinos seriales, jugadores de fútbol o corredores de auto con el tamaño, color de pelo y demás características que quieran, y si pueden crear sus propias historias para qué van a ir al cine a ver historias de otros”.

Para Chistian Bozicovich, gerente de Programación de Village Cines –una de las cuatro mayores cadenas de multipantallas del mercado argentino–, “hay algunas cosas que dice Pascual que son verdad: algunas compañías tratan de buscarle la vuelta para hacer como que cumplen, pero si pueden meter alguna película comercial adicional lo hacen. No puedo responder por esas compañías, pero no es el caso de Village”. Representante en el panel de las multipantallas de capitales extranjerro, Bozicovich bromeó: “Soy el más malo de todos”.

Bozicovich también dio algunos números frescos sobre la evolución del sector, que muestran una pronunciada caída de la taquilla. Los tickets vendidos cayeron de 42,2 millones, en 2004, a 33,2 millones, en 2007. Hasta junio, este año se vendieron 23,5 millones de tickets. En tanto, la facturación del sector pasó de $ 366 millones en 2004, a $ 325 millones el año pasado. En lo que va de este año, la facturación llegó a 268,5 millones. El precio promedio de la entrada pasó de $6,20 a $11,40 entre 2004 y 2008, y el número de estrenos creció de 222 hace cuatro años hasta los 363 que se estrenaron el año pasado (entre ellos 80 films argentinos).

En el subsector de la distribución, la facturación acumulada en lo que va del año hasta junio se distribuyó de la siguiente manera: Hoyts, 22%; Village, 17%; Cinemark, 15%; NAI, 13%; Cinema Center, 6%; Atlas Cines, 6%; y el resto de las salas, 21%.

Más allá de la puja distribuidores-exhibidores, los panelistas también abordaron las tendencias en el sector. “Que el cine digital puede ser el futuro de exhibición es relativo porque tiene un costo operativo elevado que no podremos amortizar si cada vez tenemos menos ingresos. Una sala digital pequeña, tiene un costo de entre 25.000 y 30.000 dólares. Pero como sea, se va a tener que resolver en los próximos dos años”, explicó Kohan.

Bozicovich también se refirió al cine que viene, y además del cine digital, profundizó en otras alternativas que baraja la industria. “Algunas productoras están haciendo películas 3D como una nueva forma de llegar al público, sobre todo los niños. Otra variante es la de las famosas salas VIP, que más allá de tener mayor tecnología, están apuntando a un sector de público con un mejor pasar económico. Es el equivalente a lo que sería una first class en una línea aérea: butacas más cómodas, servicio de azafatas, variedad de catering más amplia y películas de mejor calidad artística”, describió. Según el empresario, las salas también están apuntando a variar los contenidos que ofrecen para que “no sólo sean películas, sino eventualmente festivales, como el que hacemos en el Village Recoleta, con el Festival de Cine de Alta Montaña, en el que se exhibe material de gente que baja por rápidos o esquía en altas cumbres. Se apunta a nichos no muy grandes, pero que también pueden derivar en pasar la final de un mundial de fútbol o rugby”, resumió.

El tema de la comercialización fue desarrollado por Pablo Ozu, profesor del MBA en Entretenimiento y Medios de la UP, que desarrolló el caso No sos vos, soy yo, película de Juan Taratuto, “que es un caso de éxito en el mercado argentino y el español”. Entre las tácticas de comercialización para films de estas características, Ozu mencionó el marketing de guerrilla, instalaciones o puestas en escena en lugares públicos que desatan un boca a boca masivo que instala el producto.

FINANCIAMIENTO Y DISTRIBUCION.- Las distintas vías de financiamiento para el desarrollo de una industria cinematográfica en el país fue el tema bajo análisis en panel Financiamiento y posibilidades del Seminario Internacional El futuro del cine. al que asistieron unos 140 profesionales y estudiantes del sector. La mesa fue moderada por Leonardo D’ Espósito, editor de cine del diario Crítica.

En el comienzo, expuso la cineasta Eva Piwowarski, funcionaria del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa) que se encuentra a cargo de la secretaría técnica de la Reunión Especializada de Autoridades Cinematográficas y Audiovisuales del Mercosur y Estados Asociados (Recam).

“Un solo país concentra los mercados mundiales en un porcentaje de un 70 a un 90 por ciento, siempre cuando el país receptor produzca cine, si no lo hace esa barbaridad cultural se profundiza, haciendo desaparecer no sólo un sector económico de representación económica si no, lo que es peor, un espacio de representación de la propia cultura. Un ejemplo cercano: en Brasil, que produce tanto o más cine que nosotros y donde hay 1800 salas, El hombre araña se estrenó en 600 salas. Es decir que una película, no ya un país, ocupó un tercio de los lugares de exhibición. Sólo el 1% de los latinoamericanos ven películas de países de su región”, arrancó Piwowarski.

“¿Alguien conoce películas de Ecuador, Tanzania o incluso Portugal? Si alguno conoce, son verdaderas excepciones. Esto pasa porque no hay cine en los países donde el Estado no toma la decisión política de fomentar la actividad. Hay dos industrias en el mundo realmente la de Hollywood y la de Bollybood, en la India. En el resto del mundo, las pantallas son de la industria norteamericana”, dijo Marcelo Altmark, productor cinematográfico, para quien “la industria norteamericana es mucho más poderosa por su capacidad de distribución que por su capacidad de producción”.

Jack Valenti Wikipedia Altmark recordó una anécdota que fue recordada en los distintos paneles de la jornada. “Hace algunos años, cuando el cine de Estados Unidos ya tenía el 85% del mercado mundial, le preguntaron a Jack Valenti, presidente de la American Motion Pictures, que agrupa a los mayores estudios de Hollywood, qué esperaba y él respondió, ‘Esperamos llegar al 100%’. Ellos hablan de negocio y nosotros de cultura, en los listados de películas más visas en los diarios, nosotros ponemos la cantidad de espectadores, ellos ponen la cantidad de plata”, dijo.

“Pero yo no quiero que seamos patriotas porque vemos cine argentino, sino que veamos cine argentino porque nos gusta”, dijo el productor, que también señaló el surgimiento de “un fenómeno nuevo, interesante: la generación de unas 20 o 30 pymes en los últimos siete años. Pequeñas y medianas empresas cinematográficas como la de Daniel Burman, que ha hecho películas con éxito de público y convenios de cooperación. Nunca hasta ahora se habían generado pequeñas sociedades en condiciones de producir películas de cierta envergadura.

A la hora de señalar mecanismos novedosos de financiamiento, Altmark sugirió buscar “soluciones creativas, como Inglaterra que cobra impuestos a la venta de televisores para financiar el cine”.

Luego fue el turno de Oscar Azar, un abogado que hace 28 años se dedica casi exclusivamente al derecho del cine. Vehemente, el experto también avanzó sobre la visión estratégica del sector. “No hay ningún país que produzca más ni mejor cine que el que se propone, que el que su política de Estado se propone. El cine siempre tiene atrás una política de Estado y este camino lo arrancaron en 1922 los norteamericanos, que llevan casi 80 años de políticas consecuentes. No es una casualidad, no es un problema que dominen el mercado mundial, es una consencuencia”, dijo.

“Durante la segunda guerra mundial, nuestro cine era el que más se veía en América, el norteamericano era segundo, pero eso se perdió. En 1959 se creó el Incaa (con un presupuesto de US$ 40 millones anuales) ya cuando habíamos perdido el mercado latinoamericano. Tenemos una política de producción, pero ninguna de comercialización ni industrial”, aseguró Azar.

“Financiamos cine en Argentina contra tres cosas, el apoyo del Estado, el apoyo de otros Estados –nos asociamos con españoles, brasileños y mexicanos– o contra el mercado, y en el mercado no tenemos ninguna política frente a países que sí las tienen. ¿Y qué es tener una política de comercialización? Podría describir varias pero digamos que lo primero es tener un responsable y un presupuesto. Las medidas de las cuotas de pantalla, que además no se cumplen, son pequeños instrumentos de medidas en el aire”, agregó el abogado, para quien no existe dicotomía entre negocio y cultura. “Es negocio y cultura al mismo tiempo. No hay dicotomía. En 1929, el presidente [Herber] Hoover ya había dicho que los fabricantes norteamericanos de refrigeradores vendían más por la acción del cine que por su propia actividad”, citó.

Azar también hizo algunas cuentas sencillas: “El cine mueve US$ 25.000 millones al año, según los americanos. Nosotros no sabemos cuánto exportamos o comercializamos, pero andaremos por los US$ 5 millones, sin embargo producimos el 3% de todas las películas que se hacen en el mundo. Nuestro 3% debería ser de US$ 700 millones, y sólo tenemos US$ 5 millones”.

Para el abogado, “no hay otra industria en el mundo donde seis empresas tengan el 90% del mercado. El cine es sólo valor agregado, sólo trabajo humano, el material vale cero. Lo que vale es el trabajo humano, y en eso tenemos una posibilidad de desarrollo infinita pero hace falta una política de desarrollo de la industria y de comercialización”, se lamentó.

Para profundizar en los nuevos mecanismos de financiamiento, Daniel Botti, CEO de Cine.ar SA, una empresa compuesta por Alta Definición Argentina (equipamiento), Burman Dubcovsky Cine (producción), Cinecolor Argentina (laboratorio), Distribution Company Argentina (distribución) y Filmsuez (promoción). “Como ejecutivo puede trabajar en uno de los grandes estudios, Dreamworks, y ahí me conocí cómo se financian las majors. Ningún estudio pone dinero en sus películas, la plata viene de los bancos y de los fideicomisos”, afirmó Botti.

“Hemos conseguido buen dinero como para lanzar películas para que no sólo sean una buena producción sino que tengan una excelente venta. Con esta estructura tratamos de armar un fideicomiso, recurrimos a la firma Cohen y nombramos a un controlador que es el Banco Provincia. Hicimos un concurso de guiones en el que se presentaron 833 y ya seleccionamos cinco, el primero de los cuales está próximo a estrenarse y es Motivos para no enamorarse. Es una apuesta muy fuerte en la que la confianza es importante. El cine puede ser masivo, puede ser un buen cine y puede ser un buen negocio”, dijo el empresario.

Rodrigo Tabernero, analista financiero del grupo Cohen, que también participó del panel dio algunas precisiones técnicas sobre el fideicomiso de Cine.Ar. “En general, nosotros estructuramos fideicomisos de consumo, solemos trabajar pagarés. Por eso, nos preguntamos cómo hacer para adaptar la estructura a un activo fideicomitido tan raro como una película, un activo diversificado donde entran los subsidios del Incaa, la venta internacional, la taquilla, la venta de DVD y los ingresos por sponsors”.

El analista financiero explicó: “Se emitirá un título –que paga un rendimiento fijo y a partir de los 200.000 espectadores por película va a empezar a pagar una utilidad variable–. Si las películas andan tan bien como esperamos, de 260.000 a 270.000 espectadores por film, confiamos en que vamos a poder pagar una utilidad variable, vamos a poder dejar satisfechos a los inversores y vamos a sentar un precedente de financiamiento interesante. Tal vez no sea para todos, pero sí para aquellos casos en los que exista un fiduciante serio, que requieran una inversión grande y quieran ser películas taquilleras”.

Asombrado, a su turno, Marcelo Stiletano, periodista del dario La Nación y Radio Continental, que cerró el panel, se preguntó: “¿Ustedes se imaginan más riesgo en términos de inversión que no saber si se va a recuperar lo invertido? La respuesta puede ser un signo de interrogación pero también puede tener perspectivas optimistas”.

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